Cuando se habla del bento japonés fuera de Japón, muchas veces se piensa en esas cajas perfectas con personajes de anime hechos de arroz y algas. Son preciosas, sí. Pero la mayoría de las madres japonesas no hacemos eso.
El bento de verdad, el de cada día, es mucho más sencillo y práctico. Hoy quiero enseñaros cómo preparo yo los bentos de mi familia: sin complicaciones, con trucos para ahorrar tiempo y sin sentirme culpable por usar algún alimento congelado.
¿Cuándo preparamos bento en Japón?
Quizás os sorprenda, pero en Japón los niños de primaria no llevan bento al colegio cada día: comen el kyushoku, el almuerzo escolar del que os hablé en otro artículo.
Entonces, ¿cuándo preparamos bento? En mi caso, los fines de semana cuando mi hijo tiene actividades extraescolares, y en días especiales como las excursiones del colegio.
Mi truco más importante empieza la noche anterior: programo la arrocera para que el arroz esté recién hecho por la mañana. Este pequeño gesto me ahorra muchísimo tiempo y estrés.
¿Qué pongo en el bento? Mi fórmula real
Mi bento sigue casi siempre la misma estructura. Tener una fórmula fija hace que prepararlo sea mucho más rápido.
La base de arroz
Con el arroz recién hecho preparo nori-ben (arroz cubierto con alga nori y un toque de salsa de soja) o wakame gohan (arroz mezclado con alga wakame). Sencillo y delicioso.
El tamagoyaki
La tortilla japonesa enrollada es un clásico que nunca falta.
El plato principal
Karaage (pollo frito japonés) o hamburguesitas japonesas. A veces los preparo el fin de semana y los congelo en porciones.
Las verduras
Tomates cherry y pepino encurtido ligero (asazuke). Dan color y frescura.
Los congelados, sin culpa
Sí, también uso alimentos congelados como shumai (empanadillas chinas al vapor) o pequeños gratinados. En Japón, los congelados para bento son de muy buena calidad y todas las madres los usamos. No hay que sentirse mal por ello.
El postre
Una gelatina pequeña o fruta de temporada: kiwi, fresas o mandarina.
El truco japonés del equilibrio: los colores
En Japón existe una regla sencilla para conseguir un bento equilibrado sin contar calorías ni nutrientes: los colores.
Si tu bento tiene rojo (tomate, fresa), amarillo (tamagoyaki, maíz) y verde (pepino, brócoli, kiwi), casi seguro que está nutricionalmente equilibrado. El blanco del arroz y el marrón de la carne completan el conjunto.
Esta regla visual funciona porque los colores de los alimentos reflejan sus nutrientes: las verduras rojas y verdes aportan vitaminas y antioxidantes, el amarillo del huevo aporta proteínas, y el arroz da la energía necesaria.
Un bento colorido no es solo bonito: es la forma japonesa e intuitiva de cuidar la alimentación de la familia.
Mis consejos para que el bento no sea una carga
Después de años preparando bentos, estos son mis trucos para mantener la cordura:
1. Programa la arrocera la noche anterior. El arroz recién hecho por la mañana es la mitad del trabajo ya resuelto.
2. Cocina de más y congela. Cuando preparo karaage o hamburguesas para la cena, hago el doble y congelo porciones pequeñas para futuros bentos.
3. Acepta los congelados. Un par de elementos congelados de buena calidad no convierten tu bento en una comida mala. Te convierten en una madre práctica.
4. No busques la perfección. El bento perfecto de las redes sociales no existe en la vida real. Tu hijo no necesita un panda de arroz: necesita comida rica y a su madre con energía.
Lo que necesitas para empezar con el bento
Si os animáis a preparar bentos, estos son los básicos que os recomiendo:
Una caja de bento: en Amazon.es encontraréis muchas opciones. Para empezar, una caja de dos compartimentos de unos 600 ml es perfecta para un niño o un adulto con apetito moderado.
Una sartén para tamagoyaki: la sartén rectangular japonesa hace que enrollar la tortilla sea mucho más fácil. Es una pequeña inversión que merece la pena si os gusta el tamagoyaki.
Una freidora de aire (air fryer): mi gran aliada de las mañanas de bento. Lo que más me gusta es que puedo calentar varios alimentos congelados diferentes a la vez, aunque sean cantidades pequeñas: unos shumai, una porción de gratinado y un poco de karaage, todo al mismo tiempo y sin usar aceite. En quince minutos tengo varios elementos del bento listos mientras preparo el resto.
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El bento: un pequeño vínculo a distancia
Para mí, el bento tiene algo especial: aunque no esté con mi hijo a la hora de comer, una parte de casa le acompaña. Abrir la caja y encontrar los sabores de siempre es, de alguna manera, sentir que mamá está cerca.
Por eso no hace falta que sea perfecto. Un bento sencillo, hecho con lo que tienes y el tiempo del que dispones, ya cumple su función.
¿Os animáis a preparar vuestro primer bento? ¿Tenéis dudas sobre algún ingrediente o utensilio? ¡Os leo en los comentarios!


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